Hacía tiempo que veníamos pensando en hacer un plato diferente. Algo que no se sirviera en Córdoba y que estuviera elaborado de una manera especial. Tras muchas pruebas y alguna que otra idea desechada, tomó forma este Codillo a la Barbacoa. Un buen plato estrella que está buscando su sitio en nuestra carta.

Pero eso no es lo importante, lo importante es lo que pasó después.

Tenemos un cierto lado místico que nos empuja a creer en las cosas cuando tienen algo especial. Y este plato ha sido especial. Os puede parecer una tontería, pero lo que os vamos a contar pasó tal cual.

Es una costumbre que el equipo pruebe el plato antes de incluirlo en la carta ya que es fundamental probar lo que servimos y conocer nuestro producto. El mismo día de la “cata” recibimos la visita de un proveedor que, en ese caso, venía como cliente. Llegó de mal humor, impotente por haberse desplazado para una reunión que finalmente le cancelaron. Imaginaos tener una gran carga de trabajo y perder unas preciosas horas en vano. A eso le podemos sumar el calor y tenemos un muy mal día.

Así que decidimos ofrecerle uno de los codillos que habíamos preparado, para que lo probara y nos diera una opinión. Después de comer, su única respuesta fue: “me acabáis de arreglar el día”.

Puede haber mayor satisfacción? podríamos hablarte de su elaboración, nada sencilla. Podríamos decirte que está tan tierno que se deshace. Podríamos hablarte de la salsa Barbacoa impecable o de las patatas recién hechas… pero, la verdad, es que nos quedaríamos cortos tras un comentario así.

Esto nos confirma que no estamos locos del todo cuando la filosofía de nuestro negocio se basa en eso, en alimentar también el alma de nuestros clientes, haciéndolo lo mejor que sabemos.

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